Los caminos medievales

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Contenido

La invasión árabe. Los caminos hasta mitades del siglo XI

Dos geógrafos árabes del siglo X, Al Istajari e Ibn Hawqal, aportan en sus libros de los caminos y de los reinos noticias que permiten conocer, con cierto detalle, la caminería de Al-Andalus en la época califal.

Al Istajari escribe su relación en el año 921; comprende los principales itinerarios del mundo musulmán, desde Siria hasta España, y entre ellos, naturalmente, los que discurren por suelo Al-Andalus. Ibn Hawqal, viajero, como Al Istajari, sí estuvo en España, en Córdoba, y describe también los principales itinerarios de la España musulmana.

En los estudios de Alemany Bolufer se pueden leer unos resúmenes de estos itinerarios. Además de Alemany, debe destacarse como especialista en esta materia a Hernández Jiménez, que ha dedicado varias monografías al análisis de los caminos de Al-Andalus y de las principales aceifas de la época califal contra los territorios cristianos del norte.

Al Istajari describe estos catorce itinerarios

  • Córdoba a Sevilla
  • Córdoba a Zaragoza, Tudela y Lérida
  • Córdoba a Toledo y Guadalajara
  • Córdoba a Zamora y León
  • Córdoba a Coria
  • Córdoba a Gafiq y Niebla
  • Córdoba a Carmona
  • Écija a Morón, Medina Sidonia y Gibraltar
  • Écija a Málaga
  • Écija a Archidona
  • Córdoba a Pechina, Murcia y Valencia
  • Valencia a Tortosa
  • Murcia a Pechina, Málaga y Gibraltar
  • Algeciras a Medina Sidonia y Sevilla

Ibn Hawqal que escribe también en tiempos de Abderramán III, menciona estos once itinerarios

  • Córdoba a Sevilla
  • Sevilla a Lisboa, pasando por Niebla, Faro, Sielves y Alcázar do Sal
  • Lisboa a Santarem
  • Santarem a Mérida, por Elvas y Badajoz
  • Mérida a Toledo, por Talavera
  • Córdoba a Badajoz, <<por la gran ruta>>
  • Córdoba a Valencia
  • Almería a Murcia
  • Córdoba a Almería
  • Córdoba a Toledo, por Calatrava
  • Toledo a Medinacelli

De los catorce caminos de Al Istajari, ocho tienen origen en Córdoba; los destinos son hoy todos vigentes. Sevilla, Zaragoza, Toledo,etc., salvo Gafiq, que, según Hernández Jiménez, corresponde a Belalcázar en el camino de Belmez a Almadén, comprendido en uno de los itinerarios de Córdoba a Toledo. De los once caminos de Ibn Hawqal, cinco también tienen su origen en Córdoba. Esta ciudad es el centro de todo el sistema caminero de Al-Andalus.

Además de estos caminos se han representado también los que, desde la España musulmana, llevaban a Santiago de Compostela, León, Pamplona y Barcelona, que fueron testigos de más de una aceifa, principalmente en los difíciles tiempos para los cristianos de Abderramán III y de Almanzor; siguen también las viejas calzadas romanas.

Además del camino que unía la capital de Al-Andalus con la antigua capital visigótica, y que fue utilizado por Tariq para la conquista de esta última ciudad, Hernández Jiménez describe otros dos caminos: uno, que por Armilat y los valles del Guadalmellato y Alcudia subía hasta Abenojar y entraba en Toledo por el puerto del Milagro, y que según su autorizada opinión era el más antiguo, y otro que, por Cerro Muriano, Vacar, Belalcázar, pasaba por las fortalezas de Caracuel y Calatrava entrando en Toledo por los Yébenes y que fue utilizado despúes en busca de una mayor seguridad y protección para el tráfico.

La comunicación con Zamora y León, desde Córdoba, discurría por parte del camino anterior, pasando el Tajo por Vascos (Nafca) y empalmando con la vía de la Plata, en Plasencia.

La comunicación con Mérida se hacía por Medellín, siguiendo caminos romanos. A mediados del siglo IX, Mérida entra en decadencia y es suplantada por una nueva ciudad, Badajoz restaurada por un muladí rebelde llamado por los historiadores árabes <<el gallego>>. La unión entre Córdoba y Badajoz es llamada la <<gran ruta>> por Ibn Hawqal. Las relaciones de Córdoba con levante siguen por los mismos pagos de la vieja vía Augusta, en sus dos versiones, por la Mancha y por el sur; en este itinerario es de destacar la fundación de Murcia por Abderramán II, el año 831, para sustituir a Ello, la sede del godo Tedodomiro, el nombre de la localidad de Albatera, entre Murcia y Elche, testimonia el camino árabe que por allí pasaba.

Como construcción caminera de Al-Andalus suele destacarse la gran avenida, arrecife, que construyó Abderramán III, con sillares unidos con mortero de cal, por la margen derecha del Guadalquivir, en Córdoba, y que unía la ciudad con el palacio de Medina Azahara.

Los caminos de los reinos cristianos 

La red caminera de la primera mitad del siglo XI.

En la zona occidental, el reino astur se desarrolla entre el año 718 y el año 910. La táctica de Alfonso I era clara: crear un gran vacío entre su territorio y el poderoso vecino musulmán y, mediante el enclave fronterizo de Castilla, dominar la vía romana que desde el Ebro llegaba a Asturias y Galicia, y que era la gran comunicación de su reino. Es éste, pues, el gran camino del reino astur.

Detrás, más al norte de esta gran calzada, debía de existir otra comunicación, más o menos continua y paralela, que permitiera el tráfico y el comercio, civil y militar, en la retaguardia, tras las montañas.

El año 910 se traslada la capital a León, y desde entonces se designa al reino <<reino astur-leónes>>, y, como antes, el camino que desde el Ebro llega a Galicia; numerosas fortalezas castellanas defendían, contra la morisca, la entrada a esta gran comunicación del reino cristiano; son los castillos, cuya profusión dará nombre al condado oriental, de Bilibio, Cellorigo, Pancorbo, Briviesca, Haro,etc.

 Las comunicaciones de Navarra y Aragón siguen siendo las de las calzadas romanas. La comunicación, pues, entre Navarra y Castilla estaba expedita; es en tiempos de su sucesor, Sancho el Mayor de Navarra, cuando se establece de forma definitiva el camino de Santiago, uniendo, en Puente la Reina, los caminos de Roncesvalles y de Somport.

En cataluña se disponía, en esta época, de bastantes stratas, o carreteras, de origen romano casi todas. De ellas, la más importante era la que iba por el litoral, ahora llamada vía francesca, que fue reparada por los francos a principios del siglo IX; parece que también se reparó el camino que bajaba a Barcelona desde la Cerdaña.

La carretera de la costa, desde Barcelona hacia el sur, se llamó vía morisca, ya que conducía hacia la frontera árabe. También en esa época, los caminos bien seguían el curso de los ríos, donde se levantaban los núcleos urbanos, o bien atravesaban las montañas por los pasos más accesibles para comunicar entre sí los valles contiguos. Esos caminos eran, en realidad, los viejos caminos romanos.

Resumiendo la situación de la caminería cristiana en estos siglos, puede decirse que, así como en la segunda guerra púnica, en el teatro de operaciones peninsular, fue determinante la posesión de la vía Exterior o Augusta, y quien al fin la consiguió fue el triunfador, en los primeros siglos de la reconquista, la lucha por el control de la vieja calzada de Roncesvalles a Astorga concentró los esfuerzos de árabes y cristianos, y también el que al fin la tuvo fue el vencedor

Los caminos de la baja Edad Media

Para poder conocer los caminos, al menos los principales, de aquella época se disponen de dos documentos de mayor interés: La Geografía de Edrisi y el llamado Códice Calixtino, ambos del siglo XII.

El primero, como su nombre indica, es una geografía general que, en particular, trata de los principales caminos de la península, tanto musulmanes como cristianos.

El segundo se circunscribe exclusivamente el camino de Santiago, que ya en el siglo XII alcanza tal importancia, que da lugar a que se escriba una guía para él.

Los caminos de Edrisi

La red de caminos, por la España árabe, de Edrisi repite en parte la de los geógrafos árabes del siglo X, Al Istajari e Ibn Hawqal, pero aporta novedades. Desaparece el centralismo caminero de Córdoba, aunque sigue siendo un centro importante de caminos, adquieren mayor relieve, en cuanto a sus comunicaciones, respecto al siglo X, Sevilla, Valencia, Murcia y Granada. Es de destacar también la aparición en los itinerarios de ciudades como Cuenca, Cádiz, Albarracín, Huete, Uclés y otras que no mencionan los escritores del siglo X.

Las relaciones de Córdoba con Toledo son ahora más escasas; no en balde escribe Edrisi: <<Todo este país es hoy, con Toledo, de los cristianos>>. Se reducen al camino por Vacar, Pedroches y Calatrava; ya no se menciona el camino de Córdoba a Zamora y León que tanto sirvió para las aceifas contra los cristianos. Las relaciones de Córdoba son con Badajoz, Granada, Almería y Málaga, pero la más importante es con Sevilla.

Entre Córdoba y Sevilla menciona tres caminos: el ya conocido por Carmona y Écija, otro por la Rinconada que cruza al margen derecho, en barca, por Alcolea, y un tercero navegando por el río.

Edrisi da más importancia a los caminos por la costa; describe con detalle el camino, por el litoral, desde Cádiz hasta Almería, desde Almería hasta Cartagena y desde Cartagena hasta Alicante, Denia y Valencia. Sin duda, el repliegue ante los cristianos da un mayor valor caminero a estos itinerarios apoyados por el mar, todavía con un mar musulmán, entre la península y el norte de África. Por el contrario, el camino de la venerable vía Augusta por el interior, de Córdoba a Játiva, no se menciona, pero sí los que unen Murcia con Cuenca y con Cartagena.

Otro camino que merece algún comentario es el que une Medinacelli con Valencia pasando por Molina y Albarracín.

La información que da Edrisi sobre los caminos de los reinos cristianos es mayor, naturalmente, que la que dieron los geógrafos del siglo X, ya que ahora es bastante mayor también el territorio de los cristianos.

Describe unas veces, y menciona sólo otras, los siguientes caminos:

  • Coimbra a Santiago, por mar y por tierra
  • Santiago a Bayona (Francia) por mar
  • Coimbra a Salamanca y Zamora
  • Zamora a León
  • León a Santiago
  • León a Pamplona y Bayona
  • León a La Coruña
  • León a Toledo
  • Burgos a Toledo
  • Santiago a Toledo
  • Salamanca a Ávila, Segovia, Tudela y Zaragoza
  • Tudela a Medinaceli
  • Zaragoza a Huesca, Lérida, Meguinenza y Fraga
  • Tortosa a Tarragona, Barcelona y Carcasona

Las ciudades más nombradas en esta relación son León, Santiago y Toledo

León aparece como centro caminero relacionado con Zamora, Santiago, Pamplona y Bayona, La Coruña y Toledo. Toledo es según Edrisi el centro geográfico de la península.

Edrisi subraya la importancia espiritual y comercial de Santiago de Compostela y describe los caminos desde Coimbra y desde Bayona (Francia) hasta Santiago.

Los caminos desde Santiago a Bayona (Francia) son también dos, según Edrisi: uno por mar y otro terrestre, que es el camino de Santiago por antonomasia, el de Astorga, León, Burgos, Nájera, Puente la Reina y Pamplona.

El Códice Calixtino y los caminos a Santiago de Compostela

El liber consta de cinco libros, el quinto libro, era para uso de los peregrinos, y que describe el camino de Francia a Santiago de Compostela. Ciñéndonos a España, describe las dos rutas tradicionales: la aragonesa, por Somport, y la navarra, por Roncesvalles, que se unen a partir del Puente de la Reina.

El camino desde Somport hasta Puente la Reina debía de realizarse en tres jornadas, que finalizaban en Jaca, Monreal y Puente la Reina.

El camino que entraba por Roncesvalles podía recorrerse en trece jornadas hasta Santiago: Viscarret, Pamplona, Estella, Nájera, Burgos, Frómista, Sahagún, León, Rabanal del Camino, Villafranca, Triacastela, Palas del Rey y Santiago, advirtiendo que las de Estella a Nájera y de Nájera a Burgos, de 72 y 88 Kilómetros, respectivamente, sólo podían hacerse en un día por los peregrinos que fueran a caballo.

El Camino de Santiago se presenta como una excelente realización de la caminería medieval, que, por primera vez, supera al viejo camino romano en cuanto a puentes, para el paso de los cursos de agua, y a instalaciones para el descanso, la protección y salvaguardia del viajero, peregrino o no. Es manifiesta la profusión de ayudas al usuario - puentes, caminos, albergues y hospitales, y nuevas ciudades como Puente la Reina, Estella y Santo Domingo de la Calzada, lo que hace comprender que, además de ser un camino de peregrinación, fue el eje comercial de la España cristiana en la Baja Edad Media.

Íntimamente relacionado con este camino aparece otro que unía las dos capitales del reino astur-leonés, este camino estaba dotado también de albergues y hospitales en Arbas, en San Isidro, en el monte Copián, en Mieres y en Oviedo.

Uría habla de otro camino más tardío, que iba también de Francia a Santiago, el camino de la costa; empezó a recorrerse por los peregrinos en el siglo XIII. Su itinerario iba por Irún, Bilbao, Santander, San Vicente de la Barquera, Ribadesella, Pola de Siero y Oviedo.

Por último, el cuarto camino; fue la reactivación de un viejo camino que unía Vitoria con Bayona a través del túnel natural de San Adrián y que continuaba por Guipúzcoa, por el valle del Oria. La reactivación de este camino vino provocado por el interés en una comunicación directa entre Castilla y Francia sin tener que pasar por Navarra. Este camino nace, pues con una clara intención política y económica, aunque pronto los peregrinos franceses lo utilizaban también para ir a Santiago y así se transforma en los siglos XV y XVI en la principal comunicación entre Castilla y Francia, en detrimento del viejo camino por Roncesvalles.

En cuanto a las regulaciones sobre el tránsito y la utilización de los caminos, en el reino de Castilla, el Fuero Real, las leyes de Estilo, las Partidas y el Ordenamiento de Alcalá aseguran la paz del camino y prohíben que sean estrechados por los colindantes; en la tercera partida se declara que << los caminos públicos pertenecen a todos los omes comunalmente, en tal manera que también pueden usar de ellos los que son de otra tierra extraña, como los que moran o viven en aquella tierra do son>>, y en el Ordenamiento de Álcala se establece que <<los caminos abdales, el uno que va a Santiago, y los otros que van de una ciudad a otra, y de una villa a otra, e a los mercados, y a las ferias, sean guardados e sean amparados que ninguno non faga en ellos fuerza, nin tuerbo, nin robo>>

En el reino de Aragón, las leyes de caminos del siglo XII dictaminan que los caminos públicos, así como los viajeros y mercancías que transitaban por ellos, estaban bajo la protección del soberano; se entendía por camino público aquel que discurría por terrenos del soberano y también los que pasaban por terrenos de varios barones. Para construir o reponer un camino público se precisaba la autorización del rey, las constituciones de Pedro II (1283), Alfonso II (1289) y Jaime II (1299) aseguraban el libre paso por los caminos públicos, aunque fueran en territorio de un barón, la jurisdicción correspondía al rey.

La opción que hizo la corona de Castilla por la ganadería, frente a la agricultura, en parte de las circunstancias de la propia reconquista, y las características climáticas peninsulares dieron lugar, en plena baja Edad Media, al nacimiento de la Mesta y de sus cañadas.

La Mesta, cuando alcanza su mayor desarrollo, estaba constituida por cuatro cuadrillas principales: leonesa, segoviana, soriana y conquense. Y pronto se dotó de caminos especiales, sólo para el ganado, que atravesaban el reino castellano de norte a sur y a suroeste, y que iban desde los montes de León, las montañas de Soria y de Segovia y la sierra de Albarracín hasta los pastizales de Alcudia y de las marismas del Guadalquivir, que permitían el acceso a los rebaños de merinas a los mejores pastos y a buenas temperaturas en las invernadas y su regreso a las montañas en los veranos.

Los transportes y sus innovaciones. Los correos

Hay que mencionar la herradura de clavos, el estribo, la espuela y la collera

  • La herradura de clavos era desconocida por los romanos; por ello, entre los antiguos, la virtud preferida en los caballos era que tuvieran duros los cascos; la aparición de esta herradura está documentada en manuscritos latinos y bizantinos del siglo IX, aunque su uso tardó todavía algún tiempo en generalizarse.
  • El estribo tampoco se conocía en la Antiguedad clásica, empezó a utilizarse en China en el siglo VII d.C y aparece en Bizancio y en Occidente hacia el siglo IX; su uso, al igual que el de la silla, facilitó enormemente la montura de las caballerías y dio un gran impulso a la caballería como una arma táctica en los combates.
  • La espuela con espiga o brazo aparece también por esta época; en el siglo XI y en el siglo XIII se perfecciona con una ruedecilla que, en un principio, tenía seis puntos.
  • La collera rígida permitió transmitir toda la fuerza del bruto a la lanza o a las varas sin ahogarlo. Esta innovación fue decisiva para aumentar la eficacia de los animales de tiro y de trabajo

El correo es imprenscindible para toda organización política o administrativa que tenga una cierta extensión territorial; es, en efecto, esencial, para la existencia de la propia organización, la transmisión de órdenes y de noticias.

De otros estamentos y administraciones, las informaciones sobre correos son escasas. Sin embargo, se sabe que la junta del principado de Asturias tenía sus correos llamados <<berederos>> para transmitir sus órdenes a los concejos.

En Cataluña, en 1166, un mercader de Barcelona, Bernardo Marcús, fundó una cofradía de correos, bajo la advocación de nuestra señora de la Guía, y al servicio de los mercaderes barceloneses.

De los correos al servicio del rey hay informaciones desde el reinado de Jaime I, en el siglo XIII. Se llamaba troters a los que iban a caballo y correus a los que iban a pie; había también correos al sevicio de los municipios y de las veguerías.

En las cortes de Monzón se ordenó que ningún correo recibiese más de seis dineros por legua; en las cortes de Barcelona, de 1921, se ratificaron esas tarifas.

Los concelleres de Barcelona, en el siglo XIV, establecieron en sus ordenazas las obligaciones de los correos respecto a los particulares que utilizaban sus servicios, lo que prueba que en esa época ya los ciudadanos barceloneses disponían de ese servicio.

El número de correos al servicio de Pedro IV era, en 1344, de veinte, y en 1346, de treinta y dos; con el transcurso del tiempo va aumentando el número de correos y sus atribuciones. Parece que en el siglo XIV existían, en Barcelona y en Valencia, los hostes de correos, personas encargadas por la corona de este servicio y que ostentaban la jefatura de todos los correos.

Fuente: La historia de los caminos en España (Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos), José I.Uriol Salcedo

Véase también

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