Las calzadas romanas

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La segunda guerra púnica: la vía heráclea. Las primeras calzadas de la romanización

Los caminos terrestres pueden reducirse a tres: la vía Augusta, con sus vías secundarias; la vía del Ebro y parte de la vía Híspalis-Astúrica.

La vía Augusta recorre el litoral mediterráneo desde los Pirineos hasta Saetabis (Játiva) y desde allí se bifurca en dos direcciones confluentes en Cádiz; una que, por Cartago Nova (Cartagena), sigue por el litoral, Urci (Almería), Malaca (Málaga), Carteia (San Roque) hasta Gades (Cádiz), y otra que recorre el valle del Guadalquivir, pasando por Corduba (Córdoba) e Híspalis (Sevilla).

Las vicisitudes de la construcción de esta vía, Heráclea según Polibio y Exterior según Estrabón, corren p
aralelas a las de la conquista cartaginesa, primero, y romana, despúes.

En el año 208 a.c penetra Escipión en la cabecera del Guadalquivir, desde Cartagena, probablemente por la ruta del Guadiana Menor, y derrota a Asdrúbal en Bécula (Bailén), consiguiendo tras otras batallas que los cartagineses se retiren a Gades (Cádiz). En el año 206 a.c tiene lugar la batalla de Ilipa (Álcala del Río), que señala el fin de la dominación cartaginesa en la península, con la entrega voluntaria a los romanos de Gades, (Cádiz), primero y último baluarte de la cultura fenicia en la península.

La descripción más completa de esta vía primitiva es la que hace Estrabón, que dice: <<...lo que va desde los extremos del Pyrene hasta los Exvotos de Pompeios, lugar por donde pasa la vía que llaman exterior y que va de Italia a Iberia: concretamente, a la de Baitiké (La Bética). Esta vía se acerca a veces al mar; otras, se aleja de él, sobre todo en los tramos occidentales. Tras los trofeos de Pompeios va a Tarrakón (Tarragona), pasando por el Iounkarion Pedion, por los béteres y el Marathonos Pedion, así llamado en lengua latina por la gran abundancia de marathon (hinojo) que allí crece. De Tarrakón va a paso del Iber (Ebro), en la ciudad de Dertossa (Tortosa);de aquí, por la ciudad de Sagountón y la de Saetabis (Játiva), apártase paulatinamente de la costa, llegando luego al llamado Spartarion, un gran campo sin agua, donde crece abundantemente la especie de esparto. Antes, la vía cruzaba por medio del Campo y por Egelestai, mas era dificil y larga. Ahora, por ello, transcurre junto a la marina y no cruza más que una parte del espartizal. Luego pasa, como la antigua vía, por Kastoulón (Cazlona) y Oboulkón (Porcuna), para seguir de allí el rumbo de Kordyba (Córdoba) y Gadeira (Cádiz), que son dos de los mayores centros comerciales. Oboulkón dista de Kordyba unos trescientos estadios.

Pero antes Polibio había escrito que esta vía, al menos desde Cartago Nova hasta los Pirineos, había sido medida y señalizada con miliarios cada ocho estadios. Y esto se escribe en la segunda mitad del siglo II a.C, que es cuando Polibio estuvo en Iberia.

Según Roldán Hervás, el trazado definitivo de la vía se debe a Augusto, del que recibió su nombre, vía Augusta. Las fechas de su restauración, según el mismo autor, deben fijarse hacia el año 9 a.C para el tramo correspondiente al valle del Guadalquivir.

Las ramificaciones de la vía Augusta por el valle del Guadalquivir, así como la comunicación de Córdoba con Carteia (San Roque) debían de existir ya al principio de nuestra era.

La segunda vía principal que se ha representado es la vía del Ebro, de la que Estrabón escribe: << Esta misma región está cruzada por la vía que parte de Tarrakón (Tarragona) y va hasta los ouaskones (vascones) del borde del Océano. Esta calzada mide dos mil cuatrocientos estadios (unos 444 km) y se termina en la frontera entre Akytania e Iberia.

Si esta calzada, como es de suponer, es el antecedente de la calzada <<De Italia in Hispaniam.ad.leg.VII Geminam<< del Itinerario de Antonino, en el tramo coincidente - Tarragona hasta el curso medio del Ebro - debía tener un carácter eminentemente militar, relacionado con las guerras celtibéricas y con las luchas de Pompeyo y Sertorio.

La tercera vía es el tramo de la vía Híspalis-Astúrica hasta Castris Caecilis (Cáceres). Dice Blázquez. << El asentamiento de Castris Servilia parece indicar la existencia de la vía militar que, desde el Guadiana, conducía a la sierra de Gredos, Metelo avanzó por una vía que iba de Metellinum (Medellín) a Vicus Caeclius y que empalmaba con la que sería llamada Calzada de la Plata. En realidad, seguía esta vía un antiguo camino tartésico y estaba probablemente construido con vistas a la obtención del estaño y oro de la Lusitania.

Los caminos hasta el siglo VII. Fuentes para su estudio

La construcción de los caminos terrestres requiere un cierto grado de desarrollo económico y cultural, como decía Saavedra.

En el Mediterráneo occidental, son los romanos el primer pueblo que alcanza ese grado de civilización que les anima a construir caminos, la vía Appia, que conducía desde Roma hasta Capua y Brindisi, con cerca de 350 millas de longitud, fue construida por el censor Appio Claudio entre los años 330 y 312 a.C y ejecutada con tanto lujo y perfección que aún hoy nos admira.

La vía Aurelia , construida el 242 a.C, iba de Roma a Génova, mientras la vía Flaminia alcanzaba Rímini, también desde Roma en la costa adriática. Siete grandes calzadas unían Roma con los cuatro puntos cardinales de la península itálica, en la época de las guerras púnicas.

Fuera de Italia, los romanos fueron extendiendo sus calzadas por toda Europa al ritmo del paso de sus legiones. El Itinerario de Antonino describe 372 calzadas, con cerca de 80.000 Kilómetros de recorrido. De todas estas calzadas fuera de Italia, la más antigua, es precisamente la que bordeaba el litoral mediterráneo ibérico, despúes de haber recorrido el valle del Guadalquivir, la llamada Heráclea por Polibio y Exterior por Estrabón, construida por los cartagineses en el siglo II a.C, que restauró Augusto pocos años antes del principio de nuestra era, y que desde entonces se llamó vía Augusta.

A partir de esas fechas del principio del imperio, la construcción de calzadas en la península prosigue a ritmo intensivo, facilitando la romanización del territorio: las calzadas, construidas a veces por las propias legiones en tiempos de paz, van extendiendo el poder del pueblo romano por toda la península.

Las fuentes para conocer lo que fueron aquellos caminos y cúando y por quién se construyeron son varias: arqueológicas, epigráficas y literarias. De las literarias, las más importantes son las específicamente itinerarias.

Los restos arqueológicos que quedan son numerosos e importantes: restos de afirmados, empedrados y explanaciones, cimientos, restos de obras de fábrica e incluso puentes enteros aún en servicio, como el de Mérida o el de Alcántara, con arcos conmemorativos y monumentos son las específicamente itinerarias.

Los testimonios epigráficos son también numerosos, y entre ellos son de destacar los miliarios, que en las rutas principales miden las distancias respecto al origen, y dan, a menudo, el nombre de emperador que construyó o restauró la calzada. Otras fuentes también epigráficas muy interesantes son, para España, los Vasos de Vicarello y las tablillas de Astorga, que reproducen nombres y distancias de ciertos itinerarios determinados. Las tablas de barro de Astorga, en total cuatro, están consideradas hoy por la crítica apócrifas, salvo quizá la segunda, que describe el camino de Lucus Augusto (Lugo) a Iria Flavia y un camino secundario también originado en Lugo.

De las fuentes literarias, hay, fundamentalmente, dos que aportan información básica sobre la caminería de la época: el Itinerario de Antonino y el Anónimo de Rávena.

Utilizando como referencia esos dos documentos mencionados en último lugar, uno del siglo III d.C y otro del siglo VII d.C, o quizá algo posterior, y sus ya numerosos comentarios, puede intentarse una descripción de la caminería peninsular tal y como la debieron de encontrar los árabes al invadir España al principio del siglo VIII. Corresponde, pues, esta descripción a la construcción y mantenimiento de los caminos peninsulares desde el siglo I d.C hasta el siglo VII d.C y, probablemente, hasta bastante tiempo despúes.

El Itinerario de Antonino puede fecharse hacia el año 280 d.C, en la época del emperador Diocleciano. El itinerario incluye, entre 372 caminos, 34 con 6.953 millas romanas, esto es, unos 10.290 Kilómetros, de longitud total, que corresponden a la península.

Los 34 itinerarios de Antonino que se desarrollan por la península son:

  1. De Italia a España
  2. Desde Narbona
  3. De Córdoba a Cástulo
  4. Otro camino de Córdoba a Cástulo
  5. De Cástulo a Málaga
  6. De Málaga a Cádiz
  7. De Cádiz a Córdoba
  8. De Sevilla a Córdoba
  9. De Sevilla a Itálica
  10. De Sevilla a Mérida
  11. De Córdoba a Mérida
  12. De Lisboa a Mérida
  13. De Asella a Faro
  14. Otro camino de Lisboa a Mérida
  15. Otro camino de Lisboa a Mérida
  16. De Lisboa a Braga
  17. De Braga a Astorga
  18. Otro camino de Braga a Astorga
  19. De Braga a Astorga (distinto del anterior)
  20. Por la costa, de Braga a Astorga
  21. De Ayamonte a Beja
  22. Otro camino de Ayamonte a Beja
  23. De las bocas del Guadiana a Mérida
  24. De Mérida a Zaragoza
  25. Otro camino de Mérida a Zaragoza
  26. De Astorga a Zaragoza
  27. De Astorga a Zaragoza por Cantabria
  28. De Tarazona a Zaragoza
  29. De Mérida a Zaragoza por Lusitania
  30. De Laguna de Ruidera a Toledo
  31. Otro camino de Lagunas de Ruidera a Zaragoza
  32. De Astorga a Tarragona
  33. De Zaragoza a Bearn
  34. De Astorga a Burdeos

Roldán, en su Itineraria de España, ha vuelto a plasmar en unos gráficos el Itinerario de Antonino; sus diferencias con el que dibujó Saavedra no son muy importantes. La más destacada, quizá, es el trazado del camino de Laminio a César-Augusta, que <<narra aquí el camino que desde Laminio y las fuentes del Guadiana lleva a César-Augusta por terrenos casi deshabitados en época romana y abruptos, a través de las actuales provincias de Albacete y Cuenca>>.

Traza el camino en dirección sur norte, sin conexión con la vía Augusta. Saavedra reconoce también su dificultad, pero, apoyándose en los Vasos Apolinares, escoge su trazado por el actual camino de Albacete a Valencia por Almansa, prolongándolo luego por el camino, base también del actual, de Sagunto a Teruel y Calatayud; es decir, integra parte de ese itinerario en la vía Augusta, desde Laminio hasta Sagunto.

La red dibujada por Saavedra puede, pues, considerarse vigente y representativa de los caminos más importantes existentes en la península al final del siglo III de nuestra era. De los 34 caminos del Itinerario de Antonino, de que vengo hablando, en opinión de Kubitschek, cabe destacar como principales cinco, que son los siguientes:

  • Pertús, Tarragona, Zaragoza, Briviesca, León
  • Pertús, Tarragona, Cartagena, Cástulo
  • Mérida, Zamora, Simancas, Ticulcia, Zaragoza
  • Astorga, Briviesca, Zaragoza, Tarragona (coincidente en gran parte con el primero)
  • Astorga, Briviesca, Pamplona, Francia (coincidente en gran parte también como los anteriores)

Estos itinerarios recorren la península por levante, desde la Bética hasta las Galias; por el norte, desde Astorga, por la cuenca del Duero y del Ebro, hasta Tarragona, al este, y hasta las Galias otra vez, al norte; por el oeste unen Mérida y Astorga y diagonalmente, Simancas y Ticulcia, y Ticulcia y Zaragoza. Donde se observa una mayor densidad de caminos es en la Bética, la provincia más romanizada de la península.

Analizando las frecuencias con que aparecen los nudos de comunicaciones en la relación del Itinerario de Antonino, como cabeceras o finales de itinerarios, puede deducirse la mayor o menor importancia caminera de unos y otros. Atendiendo a este criterio, se puede ordenar los nudos de comunicaciones de esta época así: en primer lugar, Mérida, citada nueve veces; despúes, Astorga y Zaragoza, citadas ocho veces; en tercer lugar, Córdoba y Braga, cinco veces ; Lisboa y Cástulo, cuatro veces; luego, Sevilla, tres veces; Tarragona, Cádiz, Málaga, Ayamonte, Lagunas de Ruidera y Beja, dos veces; y en último lugar, Astella, Faro, Cartagena, Toledo, Tarazona e Itálica, citadas sólo una vez.

De todas estas ciudades, Mérida, Astorga, Zaragoza, Córdoba, Braga, Sevilla, Tarragona, Cádiz, Beja y Cartagena eran capitales bien de provincias o bien de conventos jurídicos y, por tanto, tenían tanta importancia caminera como administrativa. Las restantes, Lisboa, Cástulo, Málaga, Ayamonte, Lagunas de Ruidera, Astella, Faro, Toledo, Tarazona e Itálica, tenían, pues, más importancia caminera que administrativa. Las otras capitales de conventos jurídicos que no figuran en la relación anterior. Clunia, Lugo, Santarem y Écija, están sobre algunas de las calzadas figuradas en el mapa; incluso por las tres últimas pasa más de un camino del Itinerario de Antonino.

Las calzadas de la península itálica fueron construidas con grandiosidad y lujo; cuando era necesario se hacían grandes desmontes, e incluso se perforaban túneles; en otros casos, grandes muros de sostenimiento apoyaban los terraplenes; y las calzadas normalmente estaban dotadas de enlosados aparejadores con perfecto ajuste y esmero. Las calzadas provinciales, entre ellas las españolas, se construyeron con mayor economía; los trazados se pegaban más cerca de las divisorias, para ahorrar obras de fábrica, y que éstas necesitaran menos luces; en los pasos de montaña, se trazaban con fuertes pendientes y con ángulos muy cerrados: los firmes eran enlosados, en algunos casos, las más de las veces sólo afirmados, e incluso las explanaciones quedaban sin firme, cuando la naturaleza del terreno lo permitía.

Lo que si caracteriza a todos esos caminos es que estaban dotados de puentes, normalmente de piedra, para el paso de los ríos, asegurando así la continuidad de los trazados en toda su longitud.

Se tienen algunos ejemplos de calzadas enlosadas del Itinerario de Antonino, de las que aún quedan restos venerables, como la calzada de la Plata en algunos tramos, el paso del puerto de la Fuenfría, en la calzada de Ticulcia a Simancas, y algún otro tramo de las calzadas del valle del Duero.

Era usual que los firmes cambiaran a lo largo de la calzada. Así, por ejemplo, en la estudiada por Saavedra, entre Osma y Muro de Ágreda, advierte que hay algunos tramos, poco, enlosados; otros, afirmados, y la mayoría, con sólo explanación, y en la vía de Mérida a Astorga, sólo el tramo de la primera ciudad a Salamanca estaba enlosado y sólo a él es de aplicación, por tanto, el nombre de vía de la Plata.

La red romana del Itinerario de Antonino, denota el elevado grado de vialidad caminera que la colonización romana había proporcionado al territorio peninsular al final del siglo III de nuestra era.

Esta red del itinerario, según la información de los milarios, se construyó, en su mayor parte, en tiempos de Augusto y de Tiberio, y en tiempos de Trajano y Adriano, los emperadores nacidos en Itálica.

Otros caminos, según la Historia de España de Menéndez Pidal: Figuran unos mapas de los conventos jurídicos de las diversas provincias peninsulares romanas, en los que aparece la red viaria que servía a cada convento. Esta red aporta novedades: un nuevo acceso al Pirineo por el Llobregat y otros caminos partiendo de Barcelona, más relaciones de César-Augusta, con Lérida y con Levante, accesos a la costa cantábrica por Gigia (Gijón) y Flaviobriga (Castro Urdiales), más comunicaciones de Complutum (Alcalá de Henares), de Toletum (Toledo), de Septimanca (Simancas) y una mayor densidad aún de caminos por la Bética.

El Anónimo de Rávena. Este documento consta, en su parte descriptiva, de una serie de nombres, más de 5.000, de ciudades y mansiones del antiguo imperio romano, ordenadas, sin duda, a lo largo de unos itinerarios.

Para España es un documento del mayor interés, por cuanto la Tabla Peutingeriana está a falta precisamente de una parte que comprendía la mayor parte del suelo. El Anónimo es, pues, la única fuente literaria de la caminería peninsular posterior al Itinerario de Antonino.

La información referente a la península está contenida en los libros IV y V de su cosmografía. si bien el último es meramente repetitivo de la vieja vía Augusta, que ya estaba descrita en el libro IV. En éste aparecen 289 nombres de ciudades y mansiones, en series separadas, encabezadas por unas cuantas ciudades principales, que permiten distinguir estos veintidós itinerarios.

  1. Una vía periférica rodeando toda la península, separada en tres partes, de la Junquera a Cádiz, de Cádiz a Braga y de Braga a Oyarzun.
  2. Un camino de Tarragona a Zaragoza, Jaca y el Pirineo
  3. Cinco caminos que, saliendo de Zaragoza, van a Alcalá de Henares, a Sagunto, a una mansión entre Sagunto y Tarragona de la vía Augusta, a Clunia y al Pirineo, por Pamplona.
  4. Un camino desde Corella, o Alfaro, a Briviesca
  5. Tres itinerarios con origen en Alcalá de Henares y con finales en Mérida, Astorga y Cástulo
  6. Cinco itinerarios que salen de Mérida, con destinos a Évora, Itálica, Sevilla por Écija, Cástulo por Córdoba y Lisboa.
  7. Una vía desde Córdoba hasta Antequera.
  8. Tres caminos desde Sevilla a Málaga, Cádiz y Beja.
  9. Un gran camino transversal desde Oyarzun a Mérida
  10. Un último camino por el noroeste desde Braga a Padrón, pasando por Astorga, León, Oviedo y Lugo.

Las nuevas aportaciones del Anónimo de Ravera son prácticamente tres: la continuidad de la vía Augusta por la costa, entre Cartagena y Almería, por Vera; la vía que recorre el litoral cantábrico desde La Coruña hasta Oyarzun y la conexión directa de esta entrada en la península con la vía Duero que, en Benavente, empalma con la vía de la Plata , Mérida-Astorga.

Las otras aportaciones del Anónimo, en Zaragoza, en Sevilla y en el acceso de León al Cantábrico, por Oviedo, están ya recogidas por la segunda de las redes estudiadas. En general, se considera por los comentaristas que este Anónimo de Rávena es un complemento, en cuanto a información caminera, del Itinerario de Antonino.

En este contexto cabe señalar que, mientras que en el Itinerario de Antonino todos los grandes caminos, el del Ebro, la vía Augusta, la vía desde Astorga hasta Aquitania, hacen referencia, directa o indirecta, a la capital del Imperio, Roma, en el Anónimo de Rávena todos los caminos nacen y mueren en ciudades peninsulares, destacando como nudos principales de esas comunicaciones Tarragona, Zaragoza, Mérida, Sevilla, Alcalá de Henares, Córdoba y Braga.

Ambas relaciones tienen muchas más coincidencias que discrepancias y nos autorizan a pensar que el Anónimo de Rávena está descubriendo la red caminera de la España visigótica, en la que la red es la misma que la de la España romana, pero los flujos de tráfico y los caminos que ahora son principales son otros, impuestos por los nuevos centros de poder.

Los caminos de la época visigoda: Se pueden concluir, despúes del análisis efectuado, que, así como el Itinerario de Antonino representa la red principal, a finales del siglo III, el Anónimo de Rávena muestra los caminos usuales utilizados por la sociedad romano germánica de los siglos V,VI,VII, en la época visigoda.

La construcción de los caminos. Viajes y transportes

La construcción de los caminos principales se financiaba, en la época romana, por el Estado, utilizando, a menudo, en los años de la conquista el producto del botín cogido a los vencidos. Los caminos afluentes a los principales era de cuenta de los municipios y de las provincias, que estaban obligados a contribuciones en dinero y a prestaciones personales y de sus animales y carros.

Los magistrados romanos responsables de la construcción de las calzadas fueron, en principio, los censores; al aumentar e incrementarse estos trabajos, aparecen primero los quatuor viri y luego, en tiempos de Augusto, los curatores viarum.

En relación con la conservación y reparación de las calzadas, el título 3 del libro XV del Código Teodosiano, recopilación de leyes administrativas hecha por Teodosio II el Joven, el año 438 d.C, contiene seis disposiciones, la primera del año 319, del emperador Constantino, y la última del emperador Honorio, del año 423, todas ellas insistiendo en el mismo asunto: que ante la situación de la red vial, todos, sin excepción, están obligados a soportar las cargas correspondientes para su mantenimiento y conservación.

A lo largo de las calzadas existían, al servicio de la posta, las civitates, las mutationes y las mansiones. En las primeras, debía haber un local con forraje y una cuadra de cuarenta caballos; en las segundas, se mudaban los tiros o se cambiaban los caballos, y las mansiones eran a modo de posadas, donde debía haber albergues para los viajeros.

La velocidad de marcha que, en las mejores circunstancias, podían alcanzarse era algo más de 10Km/h.

De los viajes por España, el más conocido es el de César que cita Estrabón, que en veintisiete días cubrió la distancia entre Roma y Porcuna en su lucha contra los hijos de Pompeyo.

Fuente: La historia de los caminos en España (Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos), José I.Uriol Salcedo

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